Cuatro etapas llevan un fenómeno desde la primera observación hasta la acción institucional. Cada etapa añade el rigor del que depende la siguiente, y cada una se documenta para que la cadena pueda auditarse de extremo a extremo.
Observamos los primeros rastros visibles del daño, desde cambios de lenguaje hasta tácticas emergentes y nuevos espacios, antes de que se consoliden como práctica extendida.
Cada señal se sitúa en una clasificación compartida y versionada de daños digitales, para que las instituciones describan los mismos fenómenos con los mismos términos.
Las señales clasificadas se agregan en hallazgos medidos, cada uno con un método declarado, una banda de confianza y una cadena de procedencia documentada.
La evidencia se traduce en orientación accionable para reguladores, plataformas y educadores, y seguimos si esas acciones mueven la línea base medida.
El marco es abierto. Invitamos a instituciones que quieran alinear sus informes con él.
Solicitar briefing